Cuidadania italiana, problemas y errores que no se deben hacer

Abogado en Italia para la ciudadania italiana

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Solicitud de la nacionalidad italiana para argentinos  bolivianos españoles mexicanos guatemaltecos hondureños salvadoreños nicaragüenses costarricenses panameños cubanos dominicanos puertoriqueños venezolanos colombianos ecuatorianos peruanos paraguayos chilenos uruguayos.


Los trámites relativos a la adquisición de la ciudadanía italiana constituyen un tópico de interés para un sector amplísimo de la población mundial. El merecimiento de atención de forma masiva hacia este tema viene dado por varios factores, destacándose tres de ellos que a continuación referimos:
En primer lugar, Italia es un país cuyo índice de desarrollo humano califica como  muy alto, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo que implica elevados estándares en cuanto a variables tan fundamentales como son el nivel cultural, los servicios de salud, la esperanza de vida, el nivel de la renta, y la calidad de vida en general, y que se cataloga como país desarrollado.  Esta cualidad hace de Italia un blanco apetecible para emigrar.
En segundo lugar, la legislación vigente en relación a la ciudadanía italiana no impone límites generacionales para la adquisición de la misma por descendencia, lo que produce un marco de posibilidades francamente amplio.

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Y en tercer lugar, aunque, como dijimos antes, Italia hoy es destino de un importante flujo migratorio, hace casi dos siglos atrás no era así, sino a la inversa, Italia fue un gran emisor de emigrantes. Los papeles se han invertido bastante en las décadas transcurridas, y vemos hoy, por ejemplo, que América Latina es una región que emite muchísima migración hacia el hemisferio norte, mientras que en épocas pasadas esa misma región fue la principal receptora de masas de inmigrantes italianos. Por lo tanto, en muchos países del mundo, destacándose Latinoamérica, un gran sector de la población actual es descendiente de italianos.


La adquisición de la ciudadanía italiana es, a juicio de muchísimas personas, un asunto controversial. De una parte, puede ser catalogado de accesible, dada la amplitud de posibilidades que se permiten, como vimos más arriba. Sin embargo, la masividad de las solicitudes lo convierten en un procedimiento que causa congestión en sus canales de tramitación. Las personas que cumplen con los requisitos para obtener la ciudadanía italiana por descendencia y por matrimonio, que residen en el extranjero, deben encausar su solicitud a través de las sedes consulares italianas acreditadas en el país donde se encuentren.

Muchas sedes consulares, ubicadas en localidades con gran densidad poblacional italo-descendiente, no dan abasto para enfrentar el volumen de solicitudes. Esta es la causa para que la mera obtención de una cita en el consulado pueda llegar a implicar una espera de varios años.


Solo para tener una idea de los volúmenes de los que estamos hablando, se ha llegado a calcular que los potenciales ciudadanos  italianos por descendencia, solo en países como Argentina o Brasil,  supera en número a la población actual de Italia.


Otro de los factores que contribuye a la complejización del trámite para la adquisición de la ciudadanía italiana viene dado por lo mismo que para muchos constituye una ventaja: La inexistencia de un límite generacional. Con basamento en esa posibilidad, una persona puede optar por la ciudadanía italiana a partir de un ancestro sumamente lejano. Entonces la lejanía del antepasado, y el tener que reconstruir una cadena de  transmisión de la ciudadanía tan larga, se convierte en el peor enemigo, porque la obtención de documentos filiatorios antiquísimos es una verdadera película de terror, que no siempre tiene un final feliz.


Pero hablemos ahora del mayor contratiempo que se haya en la tramitación de la ciudadanía italiana, y que se produce con motivo de la aplicación de normas declaradas anticonstitucionales, pero que continúan rigiendo debido al principio de irretroactividad de la Ley. Normas que impedían antiguamente a la mujer italiana transmitir la ciudadanía a sus hijos si se había casado con un extranjero fueron, en su momento, eliminadas, pero los efectos de las nuevas leyes no retrotraen sus efectos hacia el pasado en virtud del enunciado principio del derecho.

En vista de ello, la máxima instancia del poder judicial  del Estado italiano se ha pronunciado a favor del reconocimiento de la ciudadanía en los casos en que se observa afectación por tales leyes retrógradas, pero, aun así, no se ha implementado una normativa coherente con ello, y la adquisición de la ciudadanía en esos casos sigue siendo imposible a través del procedimiento común.


En casos como el de los hijos de mujer italiana nacidos antes de 1948, no queda otra opción que incoar un procedimiento judicial contra el Estado italiano, en aras de obtener un pronunciamiento favorable por sentencia. La ciudadanía así adquirida surte los mismos efectos, es cierto, pero se encarece y complejiza el asunto, innecesariamente, para muchos expertos en el tema.


Otro factor negativo, que no podemos dejar de mencionar en este análisis sobre las problemáticas que rodean a la ciudadanía italiana, es el cambio legislativo acaecido en 1992, fecha en la que Italia comenzó a aceptar la doble ciudadanía, de modo que sus naturales pueden adquirir otra ciudadanía sin estar obligados a renunciar a la italiana. Se concedió entonces la posibilidad de recuperar la ciudadanía italiana perdida por este motivo, a través del procedimiento diseñado al efecto. Pero eso significa que si en la línea de sangre de un solicitante existe un ascendiente en esas circunstancias, el solicitante quedará a expensas de que aquel, si está vivo, realice su propio proceso para la recuperación de la ciudadanía, y la cadena de transmisión pueda completarse.  


Para la transmisión de la ciudadanía italiana se exige, además, una claridad absoluta en  la probanza de los vínculos filiatorios, así como en la capacidad legal de cada integrante de la línea de sangre para transmitir la ciudadanía al siguiente.


Por lo tanto, hay errores en los que no se debe incurrir, bajo ningún concepto, si se quiere llegar a feliz término el proceso:


- Jamás se puede entregar un dosier de documentos que contenga saltos generacionales. Toda la línea de sangre tiene que estar documentada, paso a paso.
- No pueden existir incongruencias de nombres, fechas, sitios, que afecten el perfecto engranaje de  los documentos entre sí.
- No se puede incumplir ningún  requisito de forma, léase, uso de papel legal, firmas, cuños, timbres, legalización, apostilla, traducción.
- Evitar a toda costa perder el turno consular, ello significa empezar a esperar otra vez.
- No se puede presentar solicitud de ciudadanía italiana en un país extranjero si no se tiene permiso de residencia en el mismo.
- Hay prácticamente nulas posibilidades de alcanzar la ciudadanía italiana si la persona fue deportada alguna vez por permanencia ilegal en el país, sorprendida tratando de ingresar ilegalmente, por ejemplo mediante las operaciones internacionales de tráfico de personas, o, desde su condición de extranjero solicitó visa en alguna ocasión y se advirtieron razones para que le fuese denegada.

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